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Mauser Español

Aprendí el conocimiento y el uso de las armas de la mano de mi abuelo Celso de Primajas, con el Máuser 1893 hecho en Asturias en la fábrica de Armas de Trubia, en el año 1936 para la guerra civil Española. Era calibre 7×57, cañón de 74 cm, tenía la caja larga y se le podía poner una bayoneta a la punta, el cerrojo se cargaba por la parte superior con cinco balas que venían en un peine y los elementos de puntería eran un alza de corredera con punto de mira.

El blanco era una popular lata de Repsol con la “R” en blanco y azul dentro de un círculo rojo. La colgábamos por el asa en una cantera de piedra que hacía las funciones de campo de tiro. A unos 200 m había que intentar meter los tiros dentro del círculo. Cuando tienes 14 años, te explican las cosas con la sabiduría y la paciencia que los abuelos emplean con sus nietos, vives unas experiencias que se te graban de una manera que nunca las olvidas. Recuerdo llevar el Máuser colgado al hombro por la correa lateral y que casi me tocaba en el suelo, para disparar lo colocábamos sobre una piedra en la que poníamos la chaqueta asentando bien el arma con sus 74 cm de cañón.
Sentados en el suelo con los codos bien apoyados, el alza puesta a la distancia, apuntar lo más relajado posible, coordinando la respiración para soltar el aire después de tirar del gatillo, mientras mi abuelo con los prismáticos comprobaba donde había pegado el disparo y me advertía de las correcciones. Me dijo mi abuelo que su padre, Fernando Valbuena fue Teniente en la guerra de Cuba, de los pocos que regresaron, que allí ya usaban este calibre. Fue lo que les permitió aguantar la posición en la medida de lo posible, contra los soldados americanos que eran muy superiores en número, pero tenían unos fusiles inferiores en alcance y prestaciones.

Mi abuelo tuvo la categoría de alférez provisional durante la guerra civil , al finalizar en 1939 pidió la licencia forzosa por motivos familiares, para hacerse cargo de su madre y hermanos al haber fallecido su padre, sino igual lo mandaban “”voluntario”” para Rusia. Siempre decía: “ Por cuenta de la guerra tuve que estar tres años durmiendo por los montes, debajo de la nieve en Teruel y viendo cosas que nadie tenía que haber visto nunca”.

Otro hermano de mi abuelo, Mariano que también estuvo en la guerra, una bomba le amputó parte en una mano, se licenció por incapacidad como mutilado de guerra. Llegó a mi bisabuelo Fernando la falsa noticia de que sus dos hijos habían fallecido en el frente de Teruel, y debido al disgusto que le produjo la noticia, sufrió un infarto y falleció en su casa en Ciguera.
La suerte que tuvo en la guerra en Cuba la perdió en la guerra civil Española.

Volviendo al tema del que partimos, me explicó mi abuelo que los proyectiles de siete milímetros de diámetro por su forma, más largos que anchos, generan trayectorias muy rasantes. Si a esto sumamos un cañón largo que aprovecha toda la fuerza del quemado de la pólvora y estabiliza bien la bala, esas mejoras pusieron de manifiesto la superioridad del Máuser Español en la guerra de Cuba.
Me contaba mi abuelo que en los difíciles años de postguerra formó una cuadrilla de “canteros y labrantes“, y hacían casas a jornal, desde los cimientos hasta el tejado para poder sacar adelante la familia. Mi bisabuela y mi abuela atendían los hijos, la casa y el ganado. En estas circunstancias, la caza era un complemento importante para el sustento familiar por el aprovechamiento de la carne.

El domingo se iban al monte de caza con los vecinos del pueblo y en una ocasión le dijo el cura: ¿ que es primero Celso, ir de caza o ir a misa? Mi abuelo le contestó: “lo primero es dar de comer a los hijos D. José “

Recuerdo que me decía mi abuela Valentina: “estate pendiente que va venir tu abuelo con los del monte a ver si traen algo y les ayudas”. Tener por una pata para desollar y repartir las suertes de carne era donde se te inocula la afición a la caza.. En tiempos pasados la caza era una forma de aprovechamiento de los recursos naturales. También la herramienta que la población local tenía para hacer compatible la ganadería en extensivo, con determinadas especies como el lobo y poder sostener su modo de vida en zonas como la Montaña de León, eso fue lo que permitió que se generase un ecosistema que llegó hasta nuestros días. Lo que hoy llaman un modo de vida sostenible ya lo hacían nuestros antepasados hace muchos años.


Con todos estos ingredientes, aplicando estos conocimientos y experiencias al terreno cinegético, fueron las que me llevaron a ser incondicional del calibre 7mm por varias razones:
La primera que posiblemente sea el calibre más utilizado a nivel mundial, junto con otras de tipo personal como las que aprendí con el Mauser de mi abuelo.
Para cada aficionado a la caza, el mejor calibre es el que utiliza, porque se encuentra cómodo con él.
El 7 mm Remington Magnum supera en prestaciones balísticas a calibres estándar del mismo diámetro muy populares como puede ser el 270 Winchester, el 280 Remington, 7X64 Brenneke, el 30-06 Springfield, sin que esto suponga el inconveniente de un retroceso excesivo en el hombro difícil de asumir a la hora de dispararlo, como es el caso del 300 Winchester Mágnum, con el que comparte contenedor. Estos dos el 30-06 y el 300 con diámetros 0.30 de pulgada o 7.62mm
El peso del arma es el que suaviza el retroceso de la misma.
Como la mayoría de los cartuchos Magnum el 7mm Remington Mágnum deriva de la vaina del 375 H&H adaptada para alojar proyectiles de 7mm en este caso. 7,21 o 0’284 de pulgada.
Es un calibre que apareció en el mercado en 1962 adquiriendo mucha popularidad por sus prestaciones y polivalencia, es una opción válida con el proyectil adecuado para cualquier modalidad de caza en España, aunque en sus orígenes se diseño para tiro a larga distancias.
Se recámara en casi todas las marcas de rifles y la munición, está estandarizada para pesos que van desde 140 a los 175 gs con lo que cumple perfectamente en las tres modalidades de caza en España, Montería Batida y Rececho.
Para Montería y Batida, en previsión de tiros muy cercanos o sucios, con el fin de evitar desfragmentación por sobre expansiones debido a la alta velocidad del proyectil que ronda los 1000m/ seg en boca, usaremos una punta soldada o doble núcleo que nos aseguren expansión y penetración.
Con pesos de 160 /175 gs iremos bien equipados para un jabalí lanzado en una batida o un gran venado en una montería, porque trasmite un choque con la energía necesaria para generar un canal balístico largo o muy largo, provocando el consiguiente “poder de parada” con efecto terminal del abatimiento de la pieza.
Si necesitamos un proyectil para un rececho usaremos una punta afilada con pesos 140/150 gs, buen coeficiente de forma y cola de bote, para que vuele bien, si sumamos a esto los elementos de puntería necesarios como puede ser un visor de muchos aumentos con torreta balística, tendremos muchas posibilidades de buenos resultados. En el caso de que no dispongamos de estos elementos de puntería, el cartucho genera la suficiente energía para llegar a distancias de 250 m con unas caídas en torno a los 20 o 25 cm, lo que permite un disparo sin tener que hacer grandes correcciones y sin tener que salirnos de la pieza, como puede ser un rececho en Picos de Europa.
Los proyectiles de 7mm son de alto coeficiente balístico y densidad seccional es decir más largos que anchos, después del impacto y la deformación retienen la masa suficiente para empujar y seguir penetrando siempre y cuando usemos el adecuado a cada modalidad.


En este calibre tengo en dos rifles de la marca Browing, un Bar 1 hecho en 1978 en la fábrica de Hestal en Bélgica con un canon de 61 cm que optimiza todas cualidades de un calibre Magnum tanto por el quemado de la pólvora como por la estabilización del proyectil siendo muy rasante con pesos medios de 150 gs.
Tiene puesto un visor polivalente 1’5-6-42 que permite tirar cerca con 1’5 aumentos y media distancia incluso un rececho no demasiado exigente con 6 aumentos
Lo uso para tiraderos medianos o largos, preferiblemente en apoyado por qué el Bar 1 pesa pero la calidad de sus materiales es indiscutible.
Para batidas o tiros cortos tengo otro Browing Long Trac Hunter, semiautomático con canon de 51 cm que me aporta más ergonomía y rapidez en previsión de tiros a caza lanzada en las batidas del norte de León.
Tiene montado un visor de 1-4×24, permite la captación de puntería para tiros rápidos, incluso con los dos ojos abiertos, abarca mucho campo de visión con un aumento, aúna las ventajas de un punto rojo con los aumentos de un visor y los cuatro permite tiros a más de 150 m que son más suficientes para una batida o montería.

Con estas consideraciones solo pretendo poner de manifiesto que la caza es una herramienta necesaria de gestión medioambiental, conformada por un compendio de tradición, conocimiento, experiencia que no pretende extinguir, sino regular, genera actividad económica y empleo en las zonas donde se practica. pero en estos tiempos está amenazada por un radicalismo institucional que no tiene en cuenta la realidad actual de algunas especies que ponen en peligro la ganadería extensiva y el mundo rural.

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