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Las ciruelas de Lotario

“para que cuando yo no esté, comáis fruta”

Por estas fechas hubiera cumplido 86 años, pero sólo se muere a quién no se recuerda. Cuando injertaba frutales siempre decía “para que cuando yo no esté, comáis fruta”, este año tengo muchas ciruelas claudias en la Huerta de la Poza.

Mi padre cuando andaba por el monte y encontraba un frutal salvaje lo trasplantaba con su raíz en la huerta, y decía que los injertos prendían mejor en el “plantón bravo” porque es más resistente. En este caso hablamos de un ciruelo, en Corniero se les llama cirujal. Cuando el árbol tenía un tronco de 5 o 6 cm de diámetro, lo cortaba en horizontal y lo abría por el medio. Metía una cuña en el centro, afilaba “las púas” o injertos y ponía una a cada orilla de la abertura, que coincidiera la piel exterior del árbol o plantón y la de los injertos. Al retirar la cuña se cerraba el corte y quedaban los injertos encajados. Este proceso se hacía a finales del invierno o principios de la primavera, cuando empieza a subir la savia para que los árboles broten. Cuando las “púas” estaban más adelantadas que el árbol donde se iban a injertar, se enterraban entre dos tejas para que se mantuvieran y se acompasara el plantón con los injertos.

Una vez que las púas estaban colocadas, calentaba una mezcla de cera y pez y sellaba el corte y los injertos con esa pasta, que al enfriar quedaba dura y daba resistencia y protección al injerto. Luego sólo quedaba dejar que la naturaleza hiciera el resto y que los injertos brotasen.

               A día de hoy comemos ciruelas claudias, porque Lotario las plantó e injertó.

RECORDEMOS SIEMPRE LA TRAZABILIDAD Y SABIDURIA DE LOS QUE NOS PRECEDIERON.

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